La mayoría de los problemas personales que hemos sufrido en el pasado, que estamos sufriendo actualmente y que sufriremos en el futuro; en realidad no existen como cuestiones personales.
Lo que existe es un mal armado social (AUTORITARISMO; HAMBRE Y MISERIA; DESEMPLEO; EXPLOTACION; DISCRIMINACION; IDEOLOGIAS, CREENCIAS Y VALORES MORALES REPRESIVOS, …etc., en suma DIVERSAS FORMAS DE VIOLENCIA)
Este MAL ARMADO SOCIAL actúa como un FONDO PERMANENTE DE PRESION sobre todo el conjunto de personas, creando un campo de relaciones interpersonales que es condicionado por las condiciones materiales del armado social, e influido por su ideología y moral.
Este campo de relaciones personales determinado por la economía e influido por la ideología y moral afecta a cada individuo particularmente de acuerdo a la situación en que se encuentre (clase social, familia, trabajo, …etc) y el registra todo esto en su cuerpo individual.
De ese registro corporal (que es lo único individual) el crea la ilusión de que todos sus problemas son personales; por lo tanto cada uno buscará salir de esa situación de sufrimiento (que se registra como personal, pero que es social) de manera individual: (más…)
Corto realizado por Guido Oyarzún, basado en “LA REPETICIÓN” del libro “Experiencias Guiadas“ de Silo.
Un relato en el que el espectador se convierte en el protagonista y es guiado hacia una reflexión profunda sobre su propia vida y el sentido de esta.
En concreto, esta experiencia guiada propone examinar la dirección de la propia vida desde el pasado hasta el momento actual. Esta reflexión permite un cambio de dirección, aunque no esté resuelto el objetivo y es capaz de producir transformaciones profundas y positivas en la simple mecánica de la vida llevada hasta el momento.
LA MIRADA INTERNA Si cierro los párpados puedo recordar, imaginar, soñar… Por tanto, hay un mundo interno que puede ser mirado, esto implica una mirada interna, un lugar donde se mira (una pantalla, que no es la del mundo externo) y un alguien que mira (un observador que hay en nosotros).
¿CÓMO ES ESA MIRADA? Cuando miro no estoy en una actitud pasiva, como en los sueños o divagaciones. El mirar interno es una dirección activa de la conciencia, de ese modo, puedo hasta recordar mis sueños o mi vida pasada o mis fantasías y mirarlas activamente, iluminarlas en su aparente absurdidad, buscando dotarlas de sentido y significación en el aparentemente confuso y caótico mundo interno. Usamos la palabra “mirada” con un significado más extenso que el referido al visual.
¿CUÁL ES EL SENTIDO QUE BUSCA ENCOTRAR ESA MIRADA? Ese sentido es anterior aún a esa mirada, ya que le impulsa; ese sentido permite la actividad del mirar interno. Y si llega a captarse que la mirada interna es necesaria para develar el sentido que la empuja, se comprenderá que en algún momento, el que mira tendrá que verse a sí-mismo. Ese sí-mismo no es la mirada, ni siquiera es la conciencia. Ese sí-mismo es lo que da sentido a la mirada y a las operaciones de la conciencia. Es anterior y trascendente a la conciencia.
“Paisaje externo es lo que percibimos de las cosas; paisaje interno es lo que tamizamos de ellas con el cedazo de nuestro mundo interno. Estos paisajes son uno y constituyen nuestra indisoluble visión de la realidad”
Vimos en anteriores reflexiones que sólo una mirada ingenua puede confundir “lo que vemos” con la realidad misma. “Los objetos que percibimos siempre están cubiertos por el manto multicolor de otras percepciones simultáneas y de recuerdos que en ese momento actúan…”
Teniendo esto en cuenta es que introducimos el término de “paisaje” con lo que siempre estamos implicando a quien mira. Todos tenemos nuestra propia mirada y creamos nuestro propio paisaje, que no es sino un modo de interpretación -estructuración- de aquello que estamos percibiendo.
Nuestro paisaje interno no es sólo lo que creemos acerca de las cosas, sino también lo que recordamos, lo que sentimos y lo que imaginamos sobre nosotros y sobre los demás; sobre los hechos, los valores y el mundo en general.
Veámoslo en un ejemplo. Imaginemos que nos ofrecen un puesto de trabajo que por sus características consideramos fundamental para obtener el éxito en nuestra vida. Supongamos que lo obtenemos y con el paso del tiempo experimentamos que nuestro ideal de felicidad no se cumple. Una mirada atenta descubrirá que nuestra frustración no tiene que ver con el trabajo en sí, sino con lo que nosotros proyectábamos que el trabajo nos daría: quizás seguridad, quizás amistades, quizás imagen, quizás una familia, tal vez reconocimiento…
Por el contrario, una mirada ingenua nos hará correr nuevamente tras otro objeto, persona o situación que supla al anterior. Ahí habremos abierto la puerta nuevamente al fracaso y a la repetición.
Sugerencia:
Si revisamos nuestra propia experiencia quizás observemos que muchas veces nos movemos tratando de encontrar cosas o personas o situaciones, no por ellas en sí mismas, sino por lo que creemos que harán por nosotros, como darnos mayor felicidad, por ejemplo.
Veíamos en reflexiones anteriores que cada uno tiene su propia mirada sobre el mundo. En esta mirada entran muchas cosas en juego, desde los intereses o expectativas hasta las creencias que ya tenemos sobre la situación que miramos, la gran mayoría de ellas dadas por nuestro bagaje cultural, social y epocal. Podemos pensar en cómo miraría el mundo de nuestros días un individuo de hace dos siglos, por ejemplo… Sin duda no podría integrarlo, no porque no lo pudiera percibir, sino porque lo percibido chocaría totalmente con su propia idea acerca de cómo es el mundo. La situación inversa seguro que no dejaría de ser menos chocante…
Hay muchas otras cosas que “tiñen” nuestra mirada. Todos tenemos experiencia como tras un período invernal, gris y lluvioso, el primer día de sol se vive con cierta alegría, mayor positividad, se ven las cosas de otra manera, como con más optimismo… Con mucha mayor fuerza influye en nuestra mirada nuestro estado de salud y sobre todo nuestro estado anímico… Cuando uno está deprimido tiende a ver más los aspectos negativos de las cosas, del mismo modo cuando nos enfrentamos a una situación que nos produce incertidumbre o temor tendemos a estar más atentos a los supuestos “peligros”
El pasado con sus recuerdos también “tiñe” poderosamente nuestra mirada. Nuevas situaciones que se asemejan a situaciones pasadas, son rápidamente relacionadas y nos predisponen positiva o negativamente, según la tengamos grabada, hacia la adhesión o el rechazo.
Sugerencia:
Simplemente tratemos de observar cómo es nuestra mirada en las distintas situaciones cotidianas, ir meditando si es una mirada mecánica o si dispondríamos de suficiente libertad interna como para modificarla…
Hay una diferencia fundamental entre el acto de “ver” y el de “mirar”.
El ver pareciera que fuera un acto más mecánico, propio de la percepción; sin embargo, cuando uno mira está , sea consciente de ello o no, mirando desde una óptica determinada. Hay un punto de vista desde el cual se mira. Hay un emplazamiento de la persona que está mirando que puede ser muy diferente del de otro individuo que mira la misma situación.
Cuando examinamos desde dónde miramos, lo primero que nos llama la atención es que al interpretar una situación -la “realidad” particular que construimos- entran en juego nuestros intereses y expectativas… Por ejemplo, si acabamos de conocer a alguien, es distinto emplazarse desde el cálculo,- a ver qué trato o negocio podemos obtener-, o desde el temor o la desconfianza, -a ver qué pretende este-, o desde el deseo de agradar…, según nuestros intereses o expectativas prestaremos más atención a unas cosas que a otras, y así obtenemos nuestra particular visión de la “realidad”.
En realidad en el mirar entran muchas cosas en juego aparte de intereses y expectativas que podríamos ir viendo poco a poco, como asociaciones, recuerdos, imaginaciones, sensaciones, estados de ánimo, actitudes….
Sugerencia:
Lo fundamental será ir atendiendo a nuestra mirada y por propia experiencia, ir dándose cuenta desde qué punto de vista mira uno el mundo, ir viendo si esa particular óptica es elegida o no -tal vez tiene mucho de convenciones sociales y educativas…- y sobre todo si es una óptica útil, que me facilita llegar a mis más profundas aspiraciones o si, por el contrario, me aleja de ellas.
La mirada interna es la mirada del que mira. Es la mirada que mira al que mira.
Esto que parece un trabalenguas, intenta explicarnos que hay otro modo más atento y menos automático -adquirido- de mirar el mundo.
Desde pequeños estamos acostumbrados a percibir el mundo externo (ese mundo que parece que está afuera de nosotros en el que somos una “pieza” más), pero no estamos para nada acostumbrados a despertar la mirada sobre nosotros mismos. Esto es, dirigir una mirada sobre la mirada que observa el mundo externo.
De igual modo que necesitamos de telescopios para observar las estrellas o de microscopios para observar el mundo de los átomos, precisamos también de esta herramienta de la mirada interna para ver nuestro “sí mismo”.
La mirada interna la despierto cuando observo (presto atención) a lo que me pasa mientras actúo en el mundo. Este “observar” es suave, cuidadoso, es un “tomar nota”
Sugerencia:
Podemos en estos días simplemente darnos cuenta de que miramos, de que al mirar prestamos más atención a unas cosas que a otras, de que al mirar nos “pasan” cosas, esto es tenemos registros. Tal vez registros de alegría, de ira, de paz, enojo, ternura… Seguramente lo que más nos llame la atención es que constantemente nos olvidemos de que queríamos estar atentos a nuestro mirar.
Este video es un pequeño regalo después de tantas noticias de actualidad llenas de violencia. Nos invita a reflexionar sobre la crueldad que empaña toda la atmósfera social, esa crueldad que se apodera también de las relaciones con las personas más cercanas y se adueña del trato que nos damos a nosotros mismos.
Pero damos un paso más allá hacia la esperanza que anida en nuestra alma y hacemos un profundo pedido por alejar la contradicción y el sufrimiento, un paso hacia el sentido de nuestras vidas…
La Gran Marcha comenzará en Nueva Zelanda, el país más oriental de la Tierra. Recorrerá más de 60 países de los 5 continentes. Cubrirá una distancia de 100.000 km por tierra, con tramos por mar y por aire. Concluirá en Argentina después de 3 meses, en el occidente antártico. Utilizará todos los medios de transporte. En tierra serán trenes, autobuses, autos, motos, bicicletas y a pie. Los pasos entre continentes, lagos y ríos serán en aviones, barcos, barcazas y piraguas. Un equipo base permanente de 100 personas de distintas nacionalidades harán el recorrido completo. A su paso por las ciudades se realizarán festivales, encuentros, conciertos, conferencias, manifestaciones, foros, etc.