Desde dónde miras?
¿Acaso desde la límpida cima del monte?
¿O desde la futilidad de la ordinaria vida?
Silencia tu ojo vulgar.
Abre el oído ancestral y depura la mirada.
Observa que miras con velos.
Observa el alud de ecos vivos
con que enturbias el mundo.
Hermana el silencio a tu mirada y reposa.
Aquieta el torrente de voces.
Tu mirada cae por la cascada de las cosas.
Arrecia el rojo y la curva, la textura y el estrépito,
el paladar y los aromas.
Frondosa selva objetal y corporal,
atractiva y dominante.
¿Acaso eres capaz de separar lo mirado de lo que mira?
Todo pareciera estar afuera,si no miras tu ojo, si no escuchas tu oído.
¿Qué castillos modelas con arcilla de aire?
¿Por qué te empecinas en que el dragón despeje tu senda?
Tu prisma se ablanda y deforma,y con él tu mundo.
¿Será que crees en espejismos?
Eleva el horizonte de la mirada,
para forjar el espacio curvo.
Sube al peldaño del silencio,
ingresa al presente por fraguar.
Remoto tropel invasor,
añosa armadura que robotiza tu hoy,
noria cruel que te esclaviza.
¿Será que has de transformar tus óxidos
en profusos manantiales,
tu pesadez en una gota ingrávida,
tu conformidad en rebeldía?
Marcos Pampillón
2003





1 respuesta hasta el momento ↓
josealvarez // Noviembre 5, 2008 a 5:40 am
Libre y poderosa creadora, amante de la belleza verdadera, en la quietud del abrazo silencioso la límpida mirada desvela sutilmente el atractivo seductor trasluciendo en su benévola sonrisa el calor de la alegría … (ahora entre nosotros, adentro nos sonreímos, pícara dulzura infinita)… Gracias.